Cuando pasas de la red a la realidad

Ayer estuve en un encuentro un poco peculiar, el autodenominado por los anfitriones como el Twitts&Xmas. En que consistía este evento, pues en reunirse una serie de personas que bajo la plataforma de Twitter mantienen una cierta conexión. Supongo que no hará falta que explique que es Twitter, ya que muchos de vosotros la conoceréis o al menos habréis oído hablar de ella, por lo que evitaré pegaros un rollo técnico del tema. Si aún así desconocéis el tema, os recomiendo que busqueís información en internet que hay miles de enlaces dedicados a Twitter, la Web que fue considerada la mejor Web revelación en el 2007.

Pues el evento de Twitts&Xmas, consistía en reunirnos unos usuarios de Twitter alrededor de una mesa, tomando unas cervezas y hablando sobre la red y el futuro de las nuevas tecnologías. Yo como un usuario bastante novato de Twitter puede sacar bastantes ideas, además de poner cara a los nicks que normalmente sigo, y eso no me negaréis que no deja de tener cierta gracia.

Es la primera vez que hago una cosa como esta, ir a un evento de este tipo, pero no es la primera vez que conozco a gente por Internet, y esto me ha hecho pensar y es lo que me gustaría desarrollar en esta entrada, ¿cuándo fue la primera vez pase de lo virtual a lo real?, y después de hacer memoria, he de decir que eso ocurrió en el 2002 cuando tenía 28 años. Pese a llevar ya varios años por la red, incluso mi Web ya disponía de dos años de antigüedad, decidí introducirme en el mundo del chat recomendado por un amigo. Una época donde no existían ni las redes sociales ni todavía se habría creado el fenómeno de la Web 2.0, yo me dispuse a descubrir un mundo que en algunos aspectos cambio parte de mi vida. Como la gran mayoría de gente que empezó a chatear en aquella época casi prehistórica de Internet, mi entrada al mundo de la interacción con lo virtual fue por el IRC, aquella red precursora en muchos aspectos, y casi difunta en la actualidad.

Supongo que mi historia podría ser muy parecida a la de mucha gente internauta, charlas con gente (no voy a negarlo, normalmente con el género femenino), congenias con algunos, se intercambia la dirección de mensajería instantánea, y de allí supongo que viene lo siguiente, decides con quien quieres dar el siguiente paso, y con quien no, y por tanto en que casos esa amistad virtual puede llegar a ser amistad real. De mi primera y segunda experiencia con personas conocidas en Internet, aunque las recuerdo (mi memoria es implacable en algunos aspectos), se podría decir que mejor no comentarlas, pero en cambio de la tercera persona siempre guardaré un buen recuerdo.

Era una chica de 34 años (la llamaré M) de un pueblo muy pequeño a 30 minutos de Tgna ciudad, y pese a llevarnos 5 años de diferencia, que tampoco es que sea mucho, congeniamos desde un inicio. Desde un principio nos llevamos bien, siempre desde el punto de vista de amistad, no penséis más allá, porque no hubo nada más. Incluso desde un buen inicio, yo le presente a mis amigos y ella hizo lo propio con los suyos. Se puede decir que se unieron los grupos, y nos reuníamos de vez en cuando para hacer calçotadas y demás eventos festivos, todo ello en el inicio del año 2003.

Yo por aquella época también chateaba con una chica, ésta estaba a 500km de distancia de mi ciudad, y un día se me ocurrió la idea de añadir a ambas chicas en una conversación en el messenger. Curiosamente las dos chicas se llevaron bien, y cuando decidí ir a conocer a mi ciberamiga lejana, M no se lo pensó y quiso venir también. Así que ya me veis con M, una amiga conocida hacia un par de meses por Internet y dos amigos más, estos de toda la vida, cogiendo el coche para conocer una nueva chica de Internet. No me negaréis que la situación es un poco surrealista, y seguramente en la actualidad no lo haría, pero en aquel momento lo hice, y sin arrepentirme por ello.

Los siguientes meses siguieron en esa tónica, nos reuníamos mis amigos y sus amigos, para salir de fiesta o de vez en cuando hacer barbacoas, incluso por aquella época a M se le veía contenta, nuevo trabajo e inicios de una relación con un chico, pero un día cambiaron las cosas, me llamo y me dijo que estaba en el hospital, le habían diagnosticado cáncer.

Las cosas iban bien, estaba siendo tratada en Barcelona y pese a la dureza de la quimio, siempre se la veía contenta y sin dar muestras de lo que seguramente pasaba por dentro de su cuerpo. El tratamiento hacia sus frutos, la operaron, e incluso no le tuvieron que cortar la pierna, tal como le dijeron en un buen principio que pasaría. La enfermedad había empezado por el pie. Recuerdo como junto a un amigo fuimos a Barcelona a visitarla al hospital, estaba muy alegre e ilusionada, solo pensaba en poder salir un sábado a bailar, se mostraba lo que realmente era M, una chica alegre y con ganas de vivir.

Le dieron el alta y volvió a su casa, y así continuaron las semanas, como si lo ocurrido en los últimos meses no hubiera pasado, hasta que un día recibí una llamada suya. Sino recuerdo mal era un lunes por la tarde, su voz parecía muy desolada, me dijo que estaba esperando la ambulancia porque tenía de ir de nuevo al hospital, no me quiso decir porque, aunque su tono de voz me dejaba intuir muchas cosas, por lo que me dijo, simplemente quería hablar con un amigo un poco, y me dio la sensación (es una sensación muy personal que no se hasta que punto es la realidad) de que en aquel momento algo pasaba con su pareja, porque me dejo caer, que en un momento tan duro no sabía hasta que punto podía contar con él. Esa fue la última vez que hable con ella, mis siguientes intentos en las semanas siguientes tanto de llamadas como de correos electrónicos no tuvieron respuesta. No tan solo yo, incluso mis amigos también lo intentaban con la misma suerte que yo. Mi amigo D fue el último de poder contactar, una llamada suya fue respondida por la hermana de M, ésta le dijo a D, que M no estaba en condiciones de poder hablar. Los siguientes intentos seguían teniendo una respuesta nula, no había forma de contactar con ella, por lo que el paso de los meses hizo que al final desestimaros la idea de poder contactar con ella.

Algunas veces hablo del tema con mis amigos, y siempre llegamos a la misma conclusión que la resumo en una frase que dijo D un día, “ojala se enfadará y no quisiera saber nada más de nosotros, porque cualquier otra opción (seguramente más realista) no sería buena”.
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